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Rapunzel

La escuché cantando,
la música venía de arriba,
arriba, donde las aves le hacían coro.
La escuché bailando,
los tacos sonaban arriba
 y no podía alcanzarla.

Gothel me dio la clave,
me dejó llegar hasta sus cabellos encendidos
que me quemaban el corazón.
Entonces yo cantaba... Entonces era feliz.

Los cabellos interrumpían mis muestras de cariño,
pero fueron estos mismos,
los que me ayudaron a subir tan alto,
tan alto, que volar no era más un sueño,
o tal vez sí,
pero para un forastero,
un gitano como era yo,
era muy real.

No era príncipe,
era sólo un mendigo de luz
que subió un día tan alto
y quedó ciego.

He caminado errante años,
he vivido de oscuridad,
he vivido soñando.

Tal vez si ella me viera,
tal vez si llorara,
entonces volvería a ver...
 Pero, mi ceguera es mejor eterna
antes que verla mojada
de esa lluvia que en invierno
congela sus ojos.

Dije en sueños:
«Rapunzel, Rapunzel,
deja tu pelo caer,
así puedo trepar la escalera dorada».
Pero no pude más,
jamás,
otra vez, volar. 

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